Profesor Luis Riveros Cornejo

Prof. Luis A. Riveros

DISCURSO POR CEREMONIA DE INVESTIDURA DEL 21 DE JUNIO DE 2014

DISCURSO DEL V.:H.: LUIS RIVEROS CORNEJO EN SU

INVESTIDURA COMO GRAN  MAESTRO

GRAN LOGIA DE CHILE

TENIDA SOLSTICIAL DEL 21 DE JUNIO DE 2014

 

 

Hace poco tiempo, la Gran Logia Unida de Inglaterra, aparentemente preocupada por la tendencia recientemente observada en su membresía y por prevalecer un cierto abatimiento en el nivel de compromiso de sus columnas, decidió llevar a cabo un estudio referente al diseño estratégico de la institución.  El mismo se destinó a buscar un diagnóstico objetivo,  provisto desde fuera de la Orden, sobre la situación presente en la Masonería Inglesa, y para poder así determinar algunas políticas y metas que debiesen caracterizar al desenvolvimiento institucional en los próximos años y enfrentar su situación presente de modo proactivo.  Es cierto, muchas veces la periódica renovación de las autoridades masónicas hace perder de vista el sentido estratégico, el sentido de largo plazo, que debe caracterizar a un Gobierno Simbólico para ser verdaderamente exitoso. Esto parecía ser un factor determinante en la tendencia iterativa con que funcionaba la institución y su difícil escenario en  medio de una sociedad crecientemente compleja, con preguntas muy cambiantes y lejos del ambiente fraternal.  Esta nueva realidad presenta enormes desafíos para una institución fraternal y de estudio y puede llevar a producir una notoria debilidad por la ausencia de respuestas ante la realidad vigente, y ser sensiblemente la causa de un decaimiento y, quizás, también de un desajuste respecto a la situación del mundo y de la sociedad como es efectivamente hoy.  Notoriamente, la Masonería debe preocuparse por su largo plazo, quizás más que ninguna otra institución, porque son sus fundamentos fraternales los que están mayormente desafiados a raíz de la evolución y creciente materialización de la sociedad actual.  La Gran Logia Unida de Inglaterra ha tenido esto presente en la elaboración de las conclusiones del estudio.

 

La iniciativa en comento no enunció nada que resultara extraordinariamente nuevo, sin con ello desestimar la importancia de un diagnóstico de este tipo.  Decía que la persona del siglo XXI siente un fuerte deseo de pertenencia, en medio del desenfrenado individualismo que prevalece en la sociedad, promotor del anonimato social de sus miembros, significando que la masonería debía atraer miembros precisamente en el ánimo de búsqueda de ese espacio que permita a cada uno identificarse con valores, ideas y prácticas que resultan en condiciones comunes.  También atribuía al deseo de ejercer solidaridad y mantener un abierto espacio de fraternidad, el carácter de elementos centrales que convocaban a los más a la vida en masonería.  La necesidad de búsqueda intelectual en un ambiente de diversidad fue otra de las ventajas que se atribuía a la Orden Masónica, y que posiblemente eran también elementos que se había de reforzar en un intento por volver a sustentar sólidamente el desarrollo de sus columnas.   Como se quiera, no había nada nuevo en el estudio que no fuese lo que ha estado ya dominando fuertemente las discusiones en materia internacional y la práctica de las Grandes Logias en distintos países: para conservar la vitalidad necesaria a una Masonería que se expande para ir resolviendo preguntas relevantes vigentes en estos inicios del siglo XXI, es necesario profundizar la docencia para así desarrollar un mayor sentido de pertenencia, educar en fraternidad y poder proyectar de manera activa una preocupación hacia el devenir social que constituye el escenario de referencia para la acción de cada masón.

 

Nuestra Masonería chilena tiene razones de sobra para sentirse orgullosa de su pasado y de su permanente accionar para pensar en el futuro a lo largo de esas líneas generales enunciadas.  La historia institucional es un testigo del compromiso para mirar con énfasis el futuro que se lega a nuevas generaciones.  Los primeros 50 años de la Gran Logia de Chile estuvieron volcados significativamente a inscribir su influencia en el diseño de la institucionalidad Republicana, brindando grandes batallas en pro del laicismo y de un Estado influyente y efectivo en materia de educación pública.  No cabía duda, en ese sentido, que se trataba de una Masonería y de distinguidos Masones que pensaron siempre en el largo plazo: como lo hicieron nuestros hermanos patriotas y nuestros políticos y educadores más destacados de la segunda mitad del siglo XIX: se pensó en la educación, el laicismo y el Estado como palancas fundamentales para asentar el desarrollo social y económico, la integración del país, la efectiva consideración del nacionalismo como un espacio de ideas.  Hasta la Constitución política de 1925, lograda tras arduas batallas y la dictación de la Ley de educación Primaria Obligatoria, y en que se consagraba la división entre asuntos del Estado y aquellos de la Iglesia Católica, las luchas de la Masonería reflejaron una preocupación central por el largo plazo, por el futuro de la República.

 

Durante sus segundos 50 años, la Masonería concentró su esfuerzo en la construcción de un Estado benefactor, construido en un propósito solidario y orientado a crear y desarrollar el concepto de justicia social.   Es una Masonería cuyo relato se centra en los logros necesarios en el largo plazo de Chile, basado en la idea solidaria y en pro del bien común.  Por ello son masones quienes impulsan la creación de una política de industrialización y la generación de un sistema de salud pública y de previsión social acorde con el ánimo solidario del desarrollo.  Una Masonería que piensa en el futuro, cuando sus miembros ponen un empeño singular en el desarrollo de la educación, la expansión de la cobertura de la educación primaria y secundaria, el estímulo a la educación técnica, incluyendo la superior, y acentuando la necesaria formación de profesores.  Se daban cuenta los masones y los liderazgos que les caracterizaron, que había un empeño estratégico  en todo  esto, y que apostar al futuro significaba poner todo el esfuerzo posible en igualar condiciones para acceder a las oportunidades y provocar un giro en el aletargado sistema distributivo de los ingresos.

 

En sus terceros 50 años, la Masonería chilena enfrentó las consecuencias de una etapa muy negra en la historia Republicana.  Un país dividido por una creciente intolerancia, por el escaso progreso en atender prioridades políticas fundamentales, marcado por una definitiva crisis de las potestades de Gobiernos elegidos democráticamente y por un enfrentamiento asociado a la intervención extranjera, a los intereses económicos y a la división del país en bandos opuestos.  La caída de nuestro hermano el Presidente Allende, fue reflejo de esta crisis y el camino de inicio de persecuciones, encarcelamientos, limitaciones a la libertad de pensamiento y expresión, que se hicieron sentir con fuerza durante 17 años de dictadura militar.  La Masonería, profundamente herida en sus bases mismas por todo este proceso y su desencadenamiento, dejo de pensar en el futuro, dejó de considerarse instrumento vital para la República que necesitaba repensarse y articular una reacción propicia a su historia.  Con muchos de sus miembros encarcelados, exiliados o asesinados, la masonería estuvo amenazada y temerosa; se encerró en sus Templos y costó que con  posterioridad al retorno a la democracia, pudiese volver a ser la voz articulada del laicismo y del libre pensamiento.  El país ha lamentado que la Masonería chilena haya callado en momentos tan terribles en que los principios Republicanos y aquellos mas caros a  la Orden Masónica fueron simplemente avasallados para construir un  país distinto, lejos de la fraternidad, del ánimo solidario e inclusivo que siempre defendimos desde los más tempranos tiempos.

 

Pero la Masonería chilena luego del retorno a la democracia está volviendo a llenar ese sitial que había dejado vacío como producto de los graves disensos nacionales y la prolongada ruptura institucional.  La Masonería debe volver a proyectarse al largo plazo.  Volver a ser esa senda de encuentro con los ideales republicanos, y con la necesidad de mayor tolerancia, igualdad y fraternidad para dar base real y sustentable a la libertad que estamos construyendo.  La voz de los masones se vuelve a escuchar, y nuevamente la ciudadanía vuelca sus ojos hacia  los Templos masónicos en búsqueda del equilibrio que el país precisa para poder avanzar convincentemente. Y seguimos defendiendo a la educación pública y al Estado laico, instrumentos centrales en el largo plazo chileno y en la búsqueda del marco de condiciones y oportunidades para acceder a mayor igualdad.  Volvemos a defender al libre pensamiento como un instrumento de la verdadera libertad y realización humana y base de una libre expresión como medida única de la inteligencia.   Vuelve a ser la Masonería chilena la institución que convoca y despierta el interés por nuestras ideas, y en donde la diversidad y selección de sus hombres da cuenta del libre ejercicio de nuestra propia libertad en el campo interno.   Una Masonería que influye, puesto que sus hombres, los masones, influyen por su elevado mérito, su compromiso ciudadano y su determinada posición y enorme capacidad para enfrentar un marco diverso.  Por eso existe  hoy día una Logia Parlamentaria en que son  nuestros hombres los que allí discuten con toda libertad y en el marco político más diverso posible, las ideas sobre política pública.  Por ello estamos presentes con respeto y efectividad en los otros Poderes del Estado, para llevar un mensaje de tolerancia, de progreso y de efectiva democracia.   Los masones estamos presente más que nunca en educación, porque hacemos nuestro el sensible postulado de invertir más en  nuestros niños y jóvenes para así tener un futuro que podemos esperar con mayor tranquilidad, y para poder efectivamente acceder a una distribución adecuada de la riqueza nacional.

 

No perdemos de vista ni un solo instante, en que nuestra visión de futuro requiere una docencia firme y constructiva en lo interno y fraternal.  Hemos trabajado denodadamente en ello y lo seguiremos haciendo, puesto que nuestro capital más importante es el contar con masones ilustrados y plenamente capacitados para ejercer sus tareas ciudadanas en todos los campos donde ellos se expresen.  Hemos acentuado la docencia en materia de rituales, porque ello fortalece el sentido de pertenencia, y permite también descubrir paso a paso el verdadero significado de la masonería, de sus prácticas y doctrinas.  Pero también hemos incluido una dosis muy importante de preocupación  por la sociedad profana actual, por el Chile en que habitamos y por  las preocupantes tendencias que albergan el propiciar el materialismo individualista como instrumento  excluyente de desarrollo.   Estamos preocupados por el futuro, por eso estamos procurando educar más y mejor a nuestra columnas.

 

Pero también estamos preocupados por consolidar cada vez una mejor organización de una Masonería que ya tiene 229 Logias a lo largo del país, más triángulos que alcanzan al lejano sur y hasta la Isla de Pascua.  Nos preocupa mantener la jerarquía organizativa, el adecuado funcionamiento de nuestra propia institucionalidad, la credibilidad y liderazgo de nuestros estamentos directivos.   Estamos preocupados por el futuro: por ello hemos reconstruido recientemente nuestros Templos Materiales en un número de 22 a lo largo de Chile, y lo seguiremos haciendo.  Estamos preocupados por el futuro, por eso instamos a nuevas formas de relacionarnos con la sociedad profana, del punto de vista comunicacional  y medial.  Estamos preocupados por el futuro, por eso nuestra acción masónica extramuros se intensifica y diversifica crecientemente.

 

Nuestro diagnóstico es también que el mayor sentido de pertenencia, el deseo de profundizar en fraternidad y el propósito de buscar nuevas y potentes ideas en un marco de diversidad, basada en una inspiración  común, deben ser las bases para seguir adelante con una mirada potente y estratégica..  Por eso, aunque también en nuestra institucionalidad se da la renovación periódica de autoridades, es cada vez más importante la consideración del marco de largo plazo para el desarrollo y la gran obra en que estamos comprometidos: un Chile laico, fraterno, tolerante, justo y en progreso.  Por eso, esta renovación del mandato del Gran Maestro tiene lugar en esa apreciación de la tarea que a todos nos compromete, y que nos aleja de ser una institución que simplemente se mueve de acuerdo a los vientos imperantes. Aquí hay una visión de Masonería y sobre su rol decisivo en la sociedad chilena.  Eso nos compromete a todos, y seguirá rindiendo frutos trascendentales para que Libertad, Igualdad y Fraternidad sigan siendo una inspiración nacional respetada y sentida.

 

El estudio de la Gran Logia Unida de Inglaterra y sus centrales conclusiones, no viene sino a subrayar la importancia de nuestro enfoque, de nuestro compromiso.  En el contexto de proyección a largo plazo que nos congrega como Orden, seguimos considerando intensamente la necesidad de profundizar nuestro sentido de pertenencia como un factor fuerte en nuestro desarrollo y consolidación de las columnas.  Seguimos propiciando al estudio como una fuente amplia de generación de ideas y de búsqueda para progresar en común con nuestros hermanos.  Seguimos auspiciando con devoción masónica la práctica de la fraternidad como un elemento que nos aúna y nos hace sentir a todos parte del mismo proyecto, del mismo y viejo sueño institucional.   Seguimos pensando el futuro desde nuestros Templos, e inspirando nuestras acciones en la acción y vigencia permanentes de nuestros principios.  Somos declaradamente una institución que rinde culto a su historia, porque de ella extrae la lección fundamental que nos permite crecer y profundizar en nuestras convicciones, prácticas y doctrinas.

 

He sido reelegido Gran Maestro de la Gran Logia de Chile después de una profunda discusión que hemos debido enfrentar en lo interno sobre estos temas, que tienen que ver en definitiva con el sueño de cada uno respecto de la institución que deseamos para el futuro. Una discusión intensa, a veces con el calor de los convencimientos de cada uno, pero discusión que efectivamente ha probado que lo que estamos buscando es ese diseño de largo plazo, ese sueño institucional que viene de muy atrás en la historia, y que amerita una reedición en tiempos sociales difíciles.  Esta discusión, que antecedió la elección del Gran Maestro de la Gran  Logia de Chile, también dominó la elección de todo el estamento directivo incluyendo Grandes Dignatarios, Grandes Oficiales, Consejo de la Gran Logia, Consejo de Beneficencia, Tribunal de la Gran Logia y Consejo Electoral.  Todo esto, como conclusión, otorga a un equipo de trabajo un mandato para seguir encauzando a la Gran  Logia de Chile en el camino de asumir su responsabilidad histórica, para brindar a las nuevas generaciones una Masonería relevante, activa, con visión y compromiso humanista y laico.  Nos sentimos hoy día más fuerte para propiciar más laicismo, más Estado, más solidaridad social, más encuentro entre conciudadanos, para así buscar un desarrollo justo y acorde con la realidad de Chile.

 

He contraído 25 compromisos programáticos ante la Asamblea de la Gran Logia de Chile, que es nuestra máxima instancia directiva.  Compromisos que tienen que ver con Docencia, Organización y Gestión, y con la proyección  de los masones y de la Masonería chilena hacia la sociedad profana. Compromisos que deberán ser evaluados en su marcha durante los próximos cuatro años, y que en el 2018 permitirán ser proyectados hacia el  futuro, como una manera de sostener nuestra relevancia y nuestro compromiso fraternal y ciudadano  Trabajaremos incansablemente en cumplir todos y cada uno de los aspectos comprometidos en el plan de acción de la Gran Logia de Chile; no dudaremos nunca en seguir propiciando el camino de apertura hacia la sociedad profana y de intenso proceso de mejoramiento a través de una docencia activa y significativa.

 

Agradezco mucho la presencia de  todos quienes nos acompañan.  Nuestro Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado Trigésimo Tercero y Ultimo del Rito Escoses Antiguo y Aceptado, así como también a los Poderosos e Ilustres Hermanos Miembros del Supremo Consejo; a los Grandes Maestros y representantes de Grandes Logias que están aquí con nosotros, testimoniando la firme  adhesión que  existe entre las Masonería de Iberoamérica a través de la VI Zona de la Confederación Masónica Interamericana.  También debo agradecer los múltiples mensajes recibidos desde todas partes del mundo para congratularnos por este acto que renueva la autoridad de la Gran Logia de Chile, pero que testimonia su firme constitución y compromiso fraternal.

 

Han sido todos ustedes testigos de un Acto que proclama no sólo la continuidad de un  Gran Maestro, sino que constituye la prolongación  de un mandato en términos de principios, de acciones y de resultados que se buscan.  Han sido Uds. testigos de un acto que culmina un proceso, en que la Masonería chilena rinde culto respetuoso a su tradición republicana a su compromiso con la historia y el devenir de Chile, y  da cuenta, al mismo tiempo, de nuestra adhesión a una visión de largo plazo.

 

Hace pocos días se propuso una reflexión universitaria que tenía que ver con la definición del límite de lo humano.  Definición importante, porque alcanza proporciones impensadas entre quienes somos defensores del humanismo y en una institución como la nuestra que se ha declarado siempre una firme defensora del humanismo laico.  Y es porque en la sociedad de la exclusión y la estigmatización, siempre la pregunta sobre el otro y su legitimidad como otro, es una pregunta relevante que tiene que ver con la construcción de las instituciones y la definición de las políticas que privilegian el estatus de lo humano.  Y la definición planteada es que el límite de lo humano está definido por el limite infinito del amor; amor de pareja, amor de padre a hijo, amor de hermano a hermano.  Y entonces creo que nuestra fundamental tarea es la de ser quienes propiciemos extender el humanismo tanto como sea posible, para que una sociedad de amor, de fraternidad y de encuentro sean efectivamente nuestro ideal, nuestro sueño de largo plazo.

 

Queremos para ello una Masonería relevante a Chile.  Queremos una Masonería que forme y desarrollo de hombres justos, fraternales y diversos.  Queremos  Masones vinculados a las ideas, defensores de su patrimonio intelectual, adherentes al libre pensamiento, mensajeros de la tolerancia y de  la fraternidad.  Queremos una masonería digna de Chile para que así podamos decir, emulando a ese gran  masón que fue don Andrés Bello: Una Masonería ligada a Chile y a las necesidades de su gente.

 

 

SALUD, FUERZA, UNION

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