Profesor Luis Riveros Cornejo

Prof. Luis A. Riveros

Tres Presidentes 08-10-2012

08 de Octubre 2012

AGUIRRE CERDA, RIOS MORALES Y ALLENDE GOSSENS:

MASONES CONSECUENTES Y CHILENOS EJEMPLARES

Luis A. Riveros

Gran Maestro

Gran Logia de Chile

Introducción

Escribir sobre tres ilustres masones que ocuparon la Primera Magistratura de la Nación corresponde en esencia a nuestra necesidad de expresar su proyección de vida, para entender su presencia entre nosotros como un ejemplo de pertenencia a la Orden Masónica la cual dominó aspectos centrales de su comportamiento como hombres y como ciudadanos. No se trata simplemente de Presidentes que fueron a la sazón miembros de la Orden, sino que Masones en el sentido mas integral del concepto que accedieron a la Presidencia de la República en el íntimo convencimiento de que debían cumplir desde allí las tareas e inspiraciones que surgieron de todos sus tiempos de trabajo en las Logias. En estos días, cuando todavía escuchamos los ecos de nuestras celebraciones de los 150 años de existencia de la Gran Logia de Chile, no hemos olvidado una de las principales lecciones derivadas del estudio y análisis de nuestra historia: la Masonería es una institución iniciática, filosófica y ética que se basa en un método formativo fundamentalmente docente de carácter tradicional y simbólico. Esto es, la Masonería es un lugar de aprendizaje, de un activo conectarse con el conocimiento que envuelve tanto lo relativo al ritual, como con respecto a nuestras prácticas y doctrinas, pero también, y de un modo destacado, con relación a la sociedad en que estamos inmersos y sus problemas. La brillante historia de la Masonería chilena se vinculó mucho menos a la capacitación y al estudio de hombres que buscaban un conocimiento mayor para consumirlo así como hacemos uso de mucho aprendizaje a lo largo de la vida, para simplemente acumularlo en nuestra mente y también en el corazón. Este es un aprendizaje de tipo tradicional, que busca incorporar habilidades, conocimientos y destrezas al individuo, cuestiones que en la Masonería adquieren énfasis en cuanto a valores y actitudes, puesto que la fraternidad y la tolerancia constituyen dos pilares sobre los que se edifica el sentimiento masónico y la arquitectura misma de su saber extendida a través de su método docente.

La Masonería y su Vinculación con la Problemática Social

Pero si eso fuese todo, es claro que eso haría de la Masonería una buena academia de estudios, un lugar de serio aprendizaje dominado por inteligencia y razón, complementado por actitudes que son sanas y propias de hombres buenos y libres. Pero nuestra institución ha sido más que eso: se ha proyectado a la sociedad, ha conocido de sus problemas, se ha identificado con ellos y ha tenido una actitud proactiva como centro de pensamiento, lugar de propuesta, instancia de estudio transversal y fuente de encuentro con los problemas del país. Es decir, la Masonería chilena –esto es, los masones chilenos – entendió siempre que la tarea de mejoramiento asociada al estudio, la reflexión y el permanente inculcar de valores, se justifica sólo si ello sirve al mejoramiento de la sociedad. La docencia masónica es así un paso en el desarrollo de un espíritu de servicio, de una vocación ciudadana, de un compromiso de trabajo para el país y el futuro de la Nación, en el marco, claro está, de nuestras pràcticas y doctrinas como asimismo en el contexto de ideas y valores al que cada uno de nosotros es libre de adherir.

Desde los tiempos de los primeros masones en suelo nacional, los Padres de la Patria en particular, se advirtió por parte de ellos una decidida acción en pro de las necesidades de la ciudadanía y del país, mas allá del esfuerzo independentista tan vinculado a organizaciones masónicas. Pero más allá de lo militar, de lo estrictamente político en esa gesta decisiva para el futuro de Chile, la preocupación de Carrera y O´higgins estuvo centrada también en problemáticas sociales y de política estratégica de país: ¿cómo si no entender la visionaria idea de crear y luego reabrir un Instituto Nacional, una Biblioteca Nacional o de impulsar la formación de profesores y nuevos métodos educativos para aumentar el impacto de una educación aún desmedrada en el país? Era, mas allá de la lucha por los derechos y la libertad, una gesta en pro del humanismo, con las necesidades integrales el hombre y del ciudadano en un papel protagónico. Nuestro Primer Presidente de la República, a la vez el Primer Venerable Maestro de un Logia Regular en suelo Patrio, don Manuel Blanco Encalada, comprendió también que su labor como masón y como estadista era una sola concepción, una unidad que no permitía separar el peso de las ideas y principios formados en el Templo, de aquello que debía caracterizar su labor política y de hombre público. Cuando los Gallo y los Matta propician en Copiapó una fiera lucha por lograr mas poder para las regiones del país, estaban también pensando y actuando como masones ciudadanos, que veían en la igualdad de oportunidades el foco esencial de un democracia bien entendida. Lo mismo Andrés Bello, Lastarria, Valentín Letelier, como muchos años después un Marcial Mora, un Juvenal Hernández, un Juan Gómez Milla o un Eugenio González, entendieron que su labor de conducción académica no estaba exenta de su responsabilidad como masones ciudadanos y hombres capaces de interpretar los sentimiento y ambiciones de sus congéneres. En todo campo, la historia nos enseña que es inseparable la condición de masón y la de ciudadano activamente preocupado de los problemas del país. No existen dos mundos, dos esferas aparte: es uno sólo el mundo: mejoramos cada uno en la Orden para así contribuir a mejorar la sociedad que nos rodea.

Es cierto. La Masonería no es una iglesia ni un partido. Como expresa nuestro ritual, ella elige hombres, los educa e intenta corregir en ellos, cuanto sea posible, sus defectos de cuna. Pero cada uno es libre de pensar y creer en el marco de nuestros principios fraternales y tolerantes. No hay un sólo masón que deba titubear en la defensa de los derechos humanos, un principio irrenunciable de todos quienes hemos jurado respetar y servir al género humano, pero mucho podemos discutir y discrepar sobre álgidas problemáticas como el matrimonio homosexual, el aborto, la liberación del mercado de la droga o la consecución de un determinado modelo de desarrollo económico. Todos creemos en la libertad, la necesidad de igualdad y la consecución de la fraternidad. Pero en nuestro actuar, siendo todos portadores de ese mensaje esencial que provee nuestra Augusta Orden, somos todos capaces de practicar la ambicionada diversidad que nos permite crecer en la comparación de ideas.

Deseo ir mas allá de lo dicho: es consustancial a una adecuada y efectiva docencia masónica, el despertar la inquietud seria y formal por los temas ciudadanos, las preocupaciones por la Patria, su presente y su futuro. Claro, todo aquello en el marco de la fraternidad, de la educación en tolerancia, de la formación profunda y sincera en el cultivo de los principios que inspiran la acción y justifican la vida de la Masonería Universal., de las prácticas rituales y el estudio del simbolismo que tan importante es para que el progreso en el conocimiento se oriente también en nuestra inspiración filosófica y ética. Pero todo esto sería sin duda una acción de búsqueda interesante en el terreno personal y grupal, pero poco tendría de significativo en el marco social y las problemáticas ciudadanas. La historia de la Masonería chilena nos enseña que la institución fue siempre señera en su contribución al hacer de la política pública, en la construcción de la institucionalidad republicana, en el mejoramiento permanente de la política pública, en la inspiración de un humanismo laico fuerte y comprometido con los destinos del país. Esa ha sido nuestra historia, que quizás contradice lo observado en los últimos treinta o cuarenta años, pero indudablemente ha constituido siempre la esencia razonable y verdadera de nuestro propósito último: servir al ser humano, aliviar una humanidad dolida, construir la felicidad para el género humano tanto y como ello sea posible. Fuimos una “Masonería de Trinchera”, defendiendo la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la institucionalidad civil laica y democrática. Somos parte de la historia de Chile porque nuestro aporte fue decisivo, identificado plenamente con Chile y las necesidades de su gente. No podemos en nuestros actuales días, como he sostenido quizás con vehemencia, convertirnos en “Una Masonería de Club Social”.

La Necesaria Discusión Sobre Religión y Política

Claro. También decimos que debemos mantener alejados de nuestros Templos las discusiones sobre política y religión. Pero ello debemos entenderlo en términos contingentes, en los enfoques que tienden a dividir a nuestros hermanos en bandos en cierta forma irreconciliables. Es indispensable, sin embargo, considerar que la política y la religión son temas necesarios en nuestros Templos como objeto de estudio social, como fuente de información sobre la realidad que prevalece, como inspiración para aquello que debemos hacer y sentir respecto de esa realidad. Por supuesto, cada uno en el marco de sus propios principios y creencias, en el marco también del respeto que nos debemos todos, pero irrenunciablemente abocados al estudio de las cuestiones sociales y de los fenómenos en el campo social, político, económico, religioso y todo aquello que marque la preocupación de los hombres y cuyo perfilamiento en las políticas y marcos institucionales, vayan a influir o determinar su hacer de vida. Mas aún, he dicho en nuestra última Asamblea que las Logias deben hacer un esfuerzo para enfatizar el trabajo ritual y de principios en los dos primeros grados, y el análisis social en el tercer grado, sin con ello excluir nada de uno y otro enfoque en ningún grado, sino considerándolo una materia de énfasis. ¿Porqué?, porque creemos necesario, inevitable, indispensable, que el masón discuta y conozca la realidad que nos circunda y pueda, de ese modo, definir con propiedad cuál puede ser su aporte, su contribución para mejorar esa realidad en forma definitiva.

Entonces, creo que cuando uno se refiere a tres Presidentes de la República que han sido miembros de la Orden, uno debe concluir que ellos han sido consecuentes con la misión final asociada a su pertenencia, y que probablemente explica en lo fundamental las razones de su Iniciación. Como se ha dicho, son masones que llegaron a la Presidencia, y no simplemente Presidentes que fueron a la vez parte de nuestra institución. La diferencia en el concepto es de fundamental importancia, en el marco de los propósitos institucionales a los que he hecho referencia. Los tres Presidentes comparten en común su adhesión irrestricta a la Gran Logia de Chile, no sólo como miembros de ella, sino además como parte de la actitud permanente que exhibieron desde sus altos cargos donde murieron los tres en ejercicio y con plenas calidades masónicas, dado que persistieron, a pesar de los difíciles momentos del momento histórico de mediados del siglo pasado, en ser masones en el masa pleno sentido del concepto.. Es interesante remarcar que estos tres Presidentes comparten el haberse marchado al Oriente Eterno durante el ejercicio de su respectivo mandato: dos de ellos por una desafortunada enfermedad, el tercero por las trágicas circunstancias que rodearon al Golpe Militar de 1973. Con ello, al mismo tiempo de dar un significado trágico a la culminación temprana de sus responsabilidades, dieron también oportunidad para apreciar con mayor intensidad las luces de su respectivo mandato y del ideario que inspirara.

Tres Presidentes y un solo Norte

Aguirre Cerda, el niño de Pocuro, se inspiró tempranamente en la idea de industrializar a Chile. Un académico y estudioso, adquirió en Europa la noción de una política industrial necesaria para el despegue económico del país. Asumió cuando aún estaban vigentes las trágicas consecuencias de la crisis salitrera que impactó sobremanera a un Chile que no estaba preparado, como en los días presentes, para enfrentar las consecuencias del derrumbe del mercado mundial por sus productos. También hubo de enfrentar la situación heredada de un terrible terremoto y las consecuencias de la Gran Depresión Mundial que vino desdel norte y dejó a Chile como uno de los países mas afectados. Ya había conocido de responsabilidades de Gobierno en la administración del Presidente Alessandri Palma y había cumplido tareas universitarias importantes como la Fundación de la Escuela de Economía en la Universidad de Chile, un proyecto que llevara a cabo con el respaldo de Fernando Alessandri y Juvenal Hernández. Era dueño de un fuerte liderazgo, encerrado en la figura modesta de un campesino bonachón pero con enorme claridad de ideas: Gobernar es Educar fue uno de los principios – fuerza de su gestión, el cual había sido acuñado por nuestro hermano Valentín Letelier hacia ya años. Su Gobierno estuvo marcado por la idea de industrialización, mas educación y construcción de un Estado de Bienestar, capaz de garantizar los estándares de vida mínimos necesarios para conseguir una efectiva integración nacional, la vieja ambición republicana. Aguirre Cerda había alcanzado una alta dignidad dentro de nuestra Orden, donde de los tres Presidentes, fue el que llegó a la mas alta dignidad ejerciendo la labor de Gran Orador de la Gran Logia de Chile. Masón convencido, masón educador, masón radical y masón gobernante y líder, esas fueron las dotes de don Pedro, cuya temprana partida enlutó de verdad a Chile entero, donde hasta la dignidad mayor de la Iglesia Católica, que no hacía mucho había escrito un libelo infamante contra la masonería, manifestó pesadumbre por la partida del hombre cuya tolerancia fue ejemplo, pues hasta patrocinó activamente la realización del Congreso Eucarístico bajo su mandato. La imagen de don Pedro ha llegado muy lejos en el tiempo por el carácter progresista y comprometido que imprimió a su administración, en un marco de tolerancia y de plena aceptación de las ideas contrarias.

Ríos Morales, el niño de Cañete, asumió la Primera Magistratura luego del interregno breve pero penoso derivado de la partida del Presidente Aguirre. Era un político experimentado que en el Partido Radical había sido un líder notable encabezando el ala mas identificada con la noción de gobierno nacional y popular. Heredó de Aguirre Cerda el apoyo del Frente Popular, que ya se había deteriorado un tanto puesto que los otros partidos ya ejercían demandas y aspiraban a ocupar también el liderazgo que naturalmente había recaído en militantes radicales. El Presidente Juan Antonio Ríos continuó las políticas de estimulo a la industrialización, bajo el esquema de protección arancelaria, que impulsara su predecesor, consolidando la Corporación de Fomento de la Producción y consolidando las políticas de expansión educacional, con mejor financiamiento para la educación pública y con una debida e importante inserción de la educación técnica dentro del sistema. Propició también la educación Superior, llevando adelante el proyecto de creación de la Universidad Técnica, que había sido impulsado desde temprano por ilustres hermanos masones. El Presidente Ríos también partió temprano hacia el Oriente Eterno como producto de una enfermedad que fue mas bien sorpresiva en su desenlace fatal. Dejó al país sumido en el dolor por la pérdida de un ciudadano egregio, un hombre de región, un demócrata a carta cabal y un Estadista de visión y decisión que iluminó los foros ciudadanos y dio brillo a la primera Magistratura. Masón a carta cabal, perteneció a logias en su natal región y también en Santiago para nunca discontinuar su membresía a pesar de las enormes responsabilidades con que le distinguieron sus conciudadanos.

Allende Gossens, el niño de Chile entero, es de los tres Presidentes el que ha dejado un recuerdo mas sustantivo por su enorme consecuencia, la cercanía de sus tiempos y el fatal desenlace de su gobierno. Siempre en la misma línea militante y sosteniendo con orgullo sus ideas progresistas, Allende había sido Ministro de Aguirre Cerda, y candidato Presidencia en tres oportunidades anteriores a su elección en 1970. Hombre convencido, impulsó la idea de un socialismo “a la chilena”, con libertad de expresión, con Poder Judicial independiente, con oposición y con un programa de consolidación del área de propiedad social completando la reforma agraria iniciada en gobiernos anteriores. Se había retirado en una oportunidad de nuestra Augusta Orden por diferencias en el modo de hacer e interpretar ciertos fenómenos, pero durante su Presidencia fue un masón activo que hasta vino a la Asamblea de la Gran Logia de Chile a exponer sus ideas y su contundente convencimiento sobre el programa popular y democrático que estaba llevando a cabo. Fue víctima de la Guerra Fría, donde su modelo de economía y de país no tenia cabida entre los polos del capitalismo y del socialismo real; no tenía tampoco su ideario un amplio respaldo ni en su partido ni en la alianza constituida por la Unidad Popular, porque se sospechaba de la democracia que Allende sostenía como su ideal de gobierno en lo político; por eso el complot, la traición, la maniobra política artera, tuvieron éxito en impulsar un plan de oposición total que culminó en un golpe apoyado por los poderes económicos nacionales y transnacionales, a más de la acción desembozada del extranjero y de la alianza que los sectores de oposición llevaron a cabo con los militares. Un sino trágico rodeó a su gobierno, que desembocó en su suicidio inducido por el hecho de saber que no tenía ninguna oportunidad y que sería probablemente asesinado de cualquier forma, ante lo cual su decisión final era la que tenía mas sentido para engrandecer su figura ante la historia y dejar un legado, como lo hizo, de ejemplo de consecuencia y de actitud siempre en pro de la libertad de expresión y de pensamiento. Nuestra Augusta Orden debió posiblemente adoptar una conducta mas consecuente con el hermano Allende, aunque los días aquellos estuvieron dominados por tan profundas divisiones en el país y luego por tan severas restricciones a la manifestación institucional libre y soberana. La cuestión es, sin embargo, que Allende ha seguido vivo como gran figura en el corazón de todos los masones, quienes respetamos su vida, su entrega, su enorme consecuencia, como también su profunda concepción de vida como masón y hombre perteneciente a las filas del humanismo laico. Leer el testamente de Allende y otros significativos documentos, como lo publicará dentro de poco nuestro hermano Rubén Yoselevsky, constituye una enseñanza sobre la forma de persistir en ser masón con convencimiento, con orgullo, con tolerancia frente a las divergencias, y con profunda convicción de que ser masón es también ser acción.

Consideraciones Finales

Tres Presidentes y tras Masones constituye un título que no hace justicia a la profunda significancia de Aguirre Cerda, Ríos Morales y Allende Gossens en torno a nuestras practicas y doctrinas. Respetables Logias los han elegido como patronímicos por lo que ellos han significado en la vida nacional y masónica, por su indiscutible vinculación con los principios que abrazamos, y por el ejemplo que han dejado a las generaciones venideras. Un profesor normalista, un abogado, un médico, tres hombres entre los que prevalecen diferencias importantes en sus apreciaciones, ideales políticos y de vida, y formas de poner a prueba su liderazgo, pero que comparten en común su profundo amor por el hombre, su apego a la nacionalidad chilena como un principio inspirador de su acción pública, su mirada trascendente como políticos con capacidad y visión de Estadistas. Hoy, en los días en que tanto echamos de menos esa personalidad recia y convencida de un político con liderazgo, con ideas, y no sólo con actitudes mediales para llenar de superficialidad a las decisiones ciudadanas, las figuras de nuestros tres presidentes se agigantan cada vez mas en el tiempo. Fueron capaces de mirar más allá de su tiempo; fueron capaces de gobernar con sentido fraternal y tolerante; fueron decididos ciudadanos en pro de sus ideas, que nunca ocultaron y que muchas veces les significaron derrotas, sinsabores y falta de apoyo aún entre quienes eran sus declarados partidarios. Fueron, en pocas palabras, masones consecuentes, masones honrados, masones que aprendieron en nuestros templos que la democracia tiene costos y beneficios, que nada se hace sin tener contradictores, que las mejores ideas deben primar si uno es capaz de convencer, que la integración del país, en un sentido social y económico, es un elemento vital párale progreso y el futuro de la Patria.

Hemos rendido homenaje a nuestros tres Queridos Hermanos Presidentes. ¿Debe esto quedar hasta aquí como el cumplimiento debido de una tarea, de una responsabilidad pero que, al fin y al cabo, no es mas que una formalidad debida? Creo que no. Por lo que he dicho, este homenaje constituye una expresión de adhesión a la idea central de que la masonería debe ser una cosa viva y activa en nuestra sociedad; que hay compromisos que no se pueden eludir, puesto que nuestra formación, nuestra pertenencia, tiene que ver con la consecuencia de llevar hacia la sociedad profana una acción masónica bienhechora y constructiva. Debe ser este homenaje una oportunidad para renovar ese compromiso de ser mejores para servir mejor al hombre y la mujer chilenos desde donde estemos, desde donde nos sea posible, en forma consecuente, transparente y efectiva. Eser es el legado de nuestros tres Presidentes. Un legado de consecuencia masónica que tenemos que declarar es parte integrante de la afirmación que hicimos cuando nos iniciamos: sí, persistimos en ser masones. Persistimos para ser consecuente con nuestras prácticas y doctrinas; persistimos para dedicarnos con honestidad y efectividad al servicio de nuestra sociedad y por sus días mejores.

El mejor homenaje a Aguirre Cerda, Ríos Morales y Allende Gossens, es ese compromiso activo por Chile, por su futuro, por nuestro mensaje fraternal y tolerante hacia la sociedad que tanto lo necesita, y que tanto nos necesita como hombres portadores del mensaje humanista laico que ellos promovieron y llevaron a las mas excelsas posiciones en nuestra sociedad. Que este homenaje sea también un llamado vivo y decidido para que la política adquiera nuevamente ese rango de “cuestión de Estado” que nuestros tres Presidentes cultivaron de modo tan visible, comprometido y significativo. Que la actividad política vuelva a ser la creadora de ideas, la canalizadora de la inquietud ciudadana, la convocante a pronunciarse en forma definida sobre la Patria que ambicionamos, mas allá de la coyuntura, mas allá de las acciones mediales, mas allá de los tiempos transitorios de los mandatos administrativos y políticos.

Los masones estamos por una Patria mejor, donde prime el entendimiento, el progreso y la justicia social. Creemos que es indispensable superar los momentos de descontento encauzando la acción de la política pública en pro de todo aquello que permita mejorar nuestra democracia, crear mecanismos para una mayor equidad, con mecanismos para que el crecimiento beneficie a todos, y no sólo a algunos, y para que las regiones del país tenga mayor autonomía para diseminar mejor los beneficios del crecimiento y la inversión. No tengo ninguna duda que Aguirre Cerda, Ríos Morales y Allende Gossens suscribirían esta visión republicana sin ninguna duda, para enfrentar los retos que levante el siglo XXI con decisión, claridad mental y compromiso con Chile.

Valle de Santiago, Octubre de 2012 e.:v.:

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